Hace 3 días se cumplieron 6 meses desde que ocurrió el terremoto en mi país, durante todo este tiempo he conversado con mucha gente y he escuchado distintas historias, de cómo vivió cada uno el terremoto. Una de mis colegas de Concepción -Paulina- me contó su experiencia. Ella vive con su familia en Talcahuano a una cuadra de la Plaza de Armas en un edificio de 6 pisos, habían llegado recién de una comida con su marido cuando empezó el horror, ellos viven en el 5º piso y tuvieron que pasar todo dentro de su departamento porque no pudieron abrir la puerta de calle, cuando el terremoto se detuvo, salieron del edificio y se juntaron de a poco con sus vecinos, de pronto su marido le dijo que los vecinos del 6º piso no estaban en ninguna parte y subieron los dos a ver qué pasaba, cuando llegaron arriba no había nadie, al parecer no habían llegado a dormir esa noche, entonces los dos miraron por la ventana hacia el mar y se dieron cuenta que "no había mar" todo se veía negro, pura arena negra y los barcos estaban todos ladeados, metros y metros de pura arena donde antes estaba el mar, se dieron cuenta de lo que iba a ocurrir y bajaron despavoridos gritando que vendría un tsunami, arrancaron en dirección contraria sin poder ver si todos los vecinos venían con ellos, sin saber si todos habían escuchado y estaban a salvo. Pasaron las horas y cuando sintieron que era seguro volver, comenzaron a caminar hacia sus casas, ya de día y viendo a su alrededor el desastre. Al llegar a su edificio, alguien recordó a una vecina de unos 35 años que vivía sola con sus dos hijos de 5 y 7 años en una casa frente a ellos, los hombres del barrio corrieron a ver, al llegar encontraron la casa destruida, en el suelo, llena de arena y palos y agua, como pudieron removieron los escombros y de pronto la encontraron, ahí yacía muerta, aplastada por una pared sobre sus dos hijos pequeños también muertos.
lunes, 30 de agosto de 2010
jueves, 19 de agosto de 2010
Doctor Brian Weiss
Cuando leí por primera vez Muchas Vidas, Muchos Maestros del Doctor Brian Weiss hace más de 5 años, nunca imaginé el cambio que tendrían mis creencias y mi vida en general. Yo diría que soy católica, pero no de ir a misa, ni de confesarme. Recuerdo que sufría mucho pensando en la condena de mi alma, en el infierno donde ardería por toda la eternidad, porque de acuerdo a los mandatos de esta religión y la iglesia, no había perdón para mis muchos pecados. Creo que de los 1o mandamientos, los infringí todos, maté mentalmente a más de alguien varias veces; así que ese también cuenta. Leí este libro y sentí, yo diría que felicidad y mucho alivio, y me pasó algo maravilloso, en lugar de pensar :"uf, me salvé, sigamos pecando" fue todo lo contrario, mis sentimientos cambiaron, mis sueños cambiaron, quise ser mejor persona, quise aprender, quise amar con todo mi corazón, el mensaje que el doctor Weiss entrega es la esencia de todo, es la respuesta a casi todo y me ayudó muchísimo, tanto que creo que empecé realmente a vivir después de descubrir que la reencarnación es una creencia lógica, tan simple. Es imposible que en sólo una vida logremos lo que Dios quiere de nosotros, qué sucede con quienes mueren jóvenes, con los bebés que mueren, todos tenemos un propósito de estar aquí, nadie está aquí por azar, ni sufre ni disfruta por mera casualidad del destino, todo tiene un por qué y un porque.
Hoy, tengo casi todos sus libros y con cada uno he aprendido tantas cosas, como por ejemplo que el alma no tiene género, ni edad, ni color, nuestra alma es una extensión de nuestro creador, de Dios venimos y hacia él volveremos todos, unos antes y otros después. El alma está en constante evolución y cada una de nuestras vidas nos prepara para llegar a la fuente de todo. Como dice él, la vida es como un colegio o escuela, con distintos ramos y niveles de dificultad. Existen muchas otras escuelas en el universo, y muchas otras almas que viven en otras galaxias y que como nosotros, están en constante aprendizaje. La vida en el planeta Tierra, es muy difícil, se sufre mucho; debemos aprender muchas lecciones aquí y cuál de todas más importante; la compasión, el amor, la tolerancia y la humildad. En este planeta, existen y han existido almas muy evolucionadas, seres que han aportado con grandes obras a la humanidad, otros espirituales que están en constante oración por la salvación del mundo, estas almas se podría decir que tienen un "doctorado", son seres bondadosos y compasivos. Por otro lado, Hitler, Osama Bin Laden, se podría decir que están en primer grado. Todos tenemos dentro el poder de crecer, de amar, de cambiar. Todos llegaremos al Creador, alcanzaremos la evolución máxima de fundirnos en su infinito amor, todos sin excepción.
sábado, 24 de julio de 2010
¿Vale la pena sufrir por alguien?
Cuentan que una bella princesa estaba buscando consorte. Aristócratas y adinerados señores habían llegado de todas partes para ofrecer sus maravillosos regalos. Joyas, tierras, ejércitos y tronos conformaban los obsequios para conquistar a tan especial criatura. Entre los candidatos se encontraba un joven plebeyo, que no tenía más riqueza que amor y perseverancia.
Cuando le llegó el momento de hablar, dijo: "Princesa, te he amado toda mi vida. Como soy un hombre pobre y no tengo tesoros para darte, te ofrezco mi sacrificio como prueba de amor. Estaré cien días sentado bajo tu ventana, sin más alimentos que la lluvia y sin más ropas que las que llevo puestas. Esa es mi dote..." La princesa, conmovida por semejante gesto de amor, decidió aceptar: Tendrás tu oportunidad: Si pasas la prueba, me desposaras".
Así pasaron las horas y los días. El pretendiente estuvo sentado, soportando los vientos, la nieve y las noches heladas. Sin pestañear, con la vista fija en el balcón de su amada, el valiente vasallo siguió firme en su empeño, sin desfallecer un momento. De vez en cuando la cortina de la ventana real dejaba traslucir la esbelta figura de la princesa, la cual, con un noble gesto y una sonrisa, aprobaba la faena. Todo iba a las mil maravillas. Incluso algunos optimistas habían comenzado a planear los festejos. Al llegar el día noventa y nueve, los pobladores de la zona habían salido a animar al próximo monarca. Todo era alegría y jolgorio, hasta que de pronto, cuando faltaba una hora para cumplirse el plazo, ante la mirada atónita de los asistentes y la perplejidad de la joven princesa, se levantó y sin dar explicación alguna, se alejó lentamente del lugar.
Unas semanas después, mientras deambulaba por un solitario camino, un niño lo alcanzó y le preguntó ¿Qué fue lo que te ocurrió? ... Estabas a un paso de lograr la meta... ¿Por qué perdiste esa oportunidad?... ¿Por qué te retiraste?...
Con profunda consternación y algunas lágrimas mal disimuladas, contestó en voz baja: "Si ella no me ahorró un día de sufrimiento... Ni siquiera una hora, es porque no merecía mi amor".
El merecimiento no siempre es egolatría; sino dignidad. Cuando damos lo mejor de nosotros mismos a otra persona, cuando decidimos compartir la vida, cuando abrimos nuestro corazón de par en par y desnudamos el alma hasta el último rincón, cuando perdemos la vergüenza, cuando los secretos dejan de serlo, al menos merecemos comprensión. Que se menosprecie, ignore, olvide o desconozca fríamente el amor que regalamos a manos llenas, es desconsideración o, en el mejor de los casos, desinterés o ligereza. Cuando amamos a alguien que además de no correspondernos desprecia nuestro amor y nos hiere, estamos en el lugar equivocado. Esa persona no se hace merecedora del afecto que le prodigamos. La cosa es clara: si no me siento bien recibido/a en algún lugar, empaco y me voy. Nadie se quedaría tratando de agradar y disculpándose por no ser como les gustaría que fuera. No hay vuelta de hoja: en cualquier relación de pareja que tengas, no te merece quien no te ame, y menos aún, quien te lastime. Y si alguien te hiere reiteradamente sin "mala intención", puede que te merezca, pero no te conviene. Retirarse a tiempo con la satisfacción de haber dado lo mejor de nosotros mismos, no tiene precio.
Cuando le llegó el momento de hablar, dijo: "Princesa, te he amado toda mi vida. Como soy un hombre pobre y no tengo tesoros para darte, te ofrezco mi sacrificio como prueba de amor. Estaré cien días sentado bajo tu ventana, sin más alimentos que la lluvia y sin más ropas que las que llevo puestas. Esa es mi dote..." La princesa, conmovida por semejante gesto de amor, decidió aceptar: Tendrás tu oportunidad: Si pasas la prueba, me desposaras".
Así pasaron las horas y los días. El pretendiente estuvo sentado, soportando los vientos, la nieve y las noches heladas. Sin pestañear, con la vista fija en el balcón de su amada, el valiente vasallo siguió firme en su empeño, sin desfallecer un momento. De vez en cuando la cortina de la ventana real dejaba traslucir la esbelta figura de la princesa, la cual, con un noble gesto y una sonrisa, aprobaba la faena. Todo iba a las mil maravillas. Incluso algunos optimistas habían comenzado a planear los festejos. Al llegar el día noventa y nueve, los pobladores de la zona habían salido a animar al próximo monarca. Todo era alegría y jolgorio, hasta que de pronto, cuando faltaba una hora para cumplirse el plazo, ante la mirada atónita de los asistentes y la perplejidad de la joven princesa, se levantó y sin dar explicación alguna, se alejó lentamente del lugar.
Unas semanas después, mientras deambulaba por un solitario camino, un niño lo alcanzó y le preguntó ¿Qué fue lo que te ocurrió? ... Estabas a un paso de lograr la meta... ¿Por qué perdiste esa oportunidad?... ¿Por qué te retiraste?...
Con profunda consternación y algunas lágrimas mal disimuladas, contestó en voz baja: "Si ella no me ahorró un día de sufrimiento... Ni siquiera una hora, es porque no merecía mi amor".
El merecimiento no siempre es egolatría; sino dignidad. Cuando damos lo mejor de nosotros mismos a otra persona, cuando decidimos compartir la vida, cuando abrimos nuestro corazón de par en par y desnudamos el alma hasta el último rincón, cuando perdemos la vergüenza, cuando los secretos dejan de serlo, al menos merecemos comprensión. Que se menosprecie, ignore, olvide o desconozca fríamente el amor que regalamos a manos llenas, es desconsideración o, en el mejor de los casos, desinterés o ligereza. Cuando amamos a alguien que además de no correspondernos desprecia nuestro amor y nos hiere, estamos en el lugar equivocado. Esa persona no se hace merecedora del afecto que le prodigamos. La cosa es clara: si no me siento bien recibido/a en algún lugar, empaco y me voy. Nadie se quedaría tratando de agradar y disculpándose por no ser como les gustaría que fuera. No hay vuelta de hoja: en cualquier relación de pareja que tengas, no te merece quien no te ame, y menos aún, quien te lastime. Y si alguien te hiere reiteradamente sin "mala intención", puede que te merezca, pero no te conviene. Retirarse a tiempo con la satisfacción de haber dado lo mejor de nosotros mismos, no tiene precio.
lunes, 12 de julio de 2010
** Sobre los Pensamientos y las Violetas **
Bueno, estuve recordando el otro día, a mis abuelos paternos, que fueron los únicos que conocí. Y recordé la casa donde vivían y a la cual nosotros íbamos de visita siempre, fines de semana, feriados y fiestas. Y en esa casa tan linda, había un jardín enorme, con distintos tipos de plantas y flores y árboles frutales en la quinta. Las flores eran todas muy bonitas, pero para mí las más hermosas eran los pensamientos, cuando las ví por primera vez, pensé que eran las flores más lindas del mundo, me impresionaron tanto, la forma y los colores tan intensos, colores que yo nunca antes, en mi corta vida, había visto en una flor. Bueno, entonces investigué un poquito y descubrí que el nombre Pensamiento, viene del francés "pensés" (pensamientos) y la flor está poéticamente relacionada con los recuerdos. Cuenta la leyenda que si ésta flor se coloca sobre alguien que está dormido, la flor hará que cuando se despierte, se enamore de la primera persona que vea porque tiene un poder mágico de amor. Así, en "El sueño de una noche de verano", de William Shakespeare, Oberón vierte en los párpados de Titania unas gotas del jugo de esta flor para que se enamore del primero que vea al despertarse. Es el Pensamiento también, una flor sagrada ligada a San Valentín y también el emblema cristiano de la Santísima Trinidad.
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